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  • Guillem Vilà

Se inaugura una exposición titulada "Absolut II" sobre el artista Lluís Vilà en Castell d'Aro


El Castillo de Benedormiens de Castell d'Aro exhibe desde el pasado 8 de abril una exposición de los últimos trabajos creados por el artista Lluís Vilà. El acto contó con la presencia del presidente de la fundación, Lluís Coromina, y del alcalde del municipio, Joan Giraut, entre otros. La muestra, bajo la curaduría del crítico y director de la fundación, Ricard Planas, se titula Absoluto, se puede ver hasta el 7 de mayo y presenta pinturas, esculturas y bajorrelieves.


En el siguiente texto de la crítica de arte Pilar Parcerisas se da a conocer un repaso sobre la figura de este creador.


Hay seres extraordinarios, rara avis en el ámbito de la creatividad, que fagocitan su propia existencia, que devoran su mina interior para extraer lo más preciado y dejar una montaña de detritus a un lado, al igual que las minas de cristales de sal. Lluís Vilà (Banyoles, 1952 a 2010) es uno de esos casos únicos, la creatividad se desarrolló desde una metafísica orgánica interna que acabó entregando un repertorio de obra fruto de su relación con la comida y otras funciones orgánicas como digerir o excretar, en el marco de una maquinaria poética muy propia y difícil de igualar. El pan, en diferentes formatos modelando personajes a Bocadillo enlucido en una gran instalación en la Fundación Joan Miró en 1984, fue mi primera experiencia con un artista tocado antropológicamente por su propia geografía: un lago tectónico y legendario como el de Banyoles, con tanta fuerza para sus habitantes como lo es la tramontana para los del Empordà.


Después, pude ver sus trabajos de diseño pop en discotecas de la zona, las sandalias de carne o de escarola, haciendo honor a la tradición de la zapatería familiar o una bicicleta estática con una pantalla / paisaje que iba moviéndose de derecha a izquierda mientras se movieran los pedales. A dentro de un armario, una camisa de señor hecha de pan. En la Sala Montcada de Barcelona presentó una escultura musical mecánica titulada Zero Growth Concierto (1985), una máquina giratoria con platos blancos y cucharas a la manera de una machine célibataire de una comida gigantesco blanco, vacío, que sólo ha tenido lugar en lo absoluto.


El pan era una de sus obsesiones que ha perdurado en toda su larga ya la vez truncada trayectoria. Pocas horas antes de morir de manera inesperada y sorprendente para todos, me llamó para encargarme un texto para un libro que tenía en la cabeza. La documentación me llegó dos días después de su muerte. Es el dossier que ahora he abierto para escribir estas líneas y releer uno de sus últimos trabajos: las pinturas dedicadas al Absoluto.


Lluís Vilà sabía tratar los temas más oscuros de la existencia de una manera diáfana e iluminada, donde la oscuridad se volvía luz. Y así fue su última etapa, una evolución hacia lo absoluto, hacia una anulación del color. De hecho, como escultor amparaba en los óxidos, los marrones, los ocres o los barnices. En estas últimas obras fechadas muchas en 2009, iluminadas por el gesto, las superposiciones, las transparencias, aparece un intento sublimado de entregarse al universo, de jugar con la geometría como base de un lenguaje gestual orgánico, como a Escapada del alma (2009) o Unión material Y ya Unión material II, aparentemente abstractos. Nunca nos dio la sensación de que Lluís Vilà buscara la abstracción, sino más bien una espiritualidad para expresar el interior del alma orgánica que no tiene más receptáculo que el cuerpo y sus funciones, como lo demuestra la serie Absoluto footing (2009) o la obra Corazón, corazón (2009), premonitoria de su muerte. Recuperar la memoria de este trabajo en el Castillo de Benedormiens era una tarea del todo necesaria.




http://www.fundaciolluiscoromina.org/el-president-de-la-fundacio-inaugura-una-exposicio-sobre-lluis-vila/

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